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Balazos, sudor y honor


¿Cómo un género que durante décadas fue el principal sustento de la industria cinematográfica estadounidense ha pasado a ser “eso que ponen a la hora de la siesta”?
Desde “Asalto y robo de un tren” (1903), película que inicio el género, hasta la última buena que se haya hecho, que tendría que pararme a pensar cuál es, el western ha experimentado diversas sensaciones.
Si pienso en su “Edad Dorada”, la cual comprende las décadas de los 40, 50, 60 y 70, puedo mencionar grandes directores como Ford, Hawks, Man… los cuales contribuyeron a que este género fuese el principal reflejo de los valores americanos.

John Ford, con su trilogía de la caballería: “La legión invencible”, “Fort Apache”, “Río Grande” puso de manifiesto lo que era el honor y la lealtad. Independientemente del rango militar, eran hombres con un fin, hombres que necesitaban ser liderados, hombres que defendían el territorio, de ahí sus historias de “frontera”. En “Centauros del desierto”, nos enseñó lo que una mente trastornada es capaz de hacer, como por ejemplo no rendirse, y en “El hombre que mató a Liberty Balance” que un hombre con revolver, pero sin humildad, no es un hombre. Casi siempre, de la mano de John Wayne como ídolo americano, portando el honor y la valentía como bandera.


Más tarde, aparece una versión antihéroe pero que no carece de carisma. Clint Eastwood, con sus personajes sin nombre, véase la Trilogía del dólar, u otros como “El forajido Josey Wales”, “El jinete pálido” o el jinete fantasma que llega a la ciudad de Lago en “High Plains Drifter”. Llamó la atención del público por el contraste con su predecesor Wayne. Se pasó de ver a un Sheriff con valores, a un pistolero sin escrúpulos capaz de emplear la violencia para solucionar cualquier situación. Por supuesto, 0 valores.

También, hubo figuras como James Stewart o Gary Cooper, grandes americanos que, personalmente nunca me llamaron la atención.

Pasado el tiempo, el western empezó a sufrir decadencia, bien porque hubo géneros que empezaron a llamar la atención del público, como la ciencia ficción (“La guerra de las galaxias” o “El planeta de los simios”), o bien porque tras cuatro décadas de esplendor, ya no había nada que contar.

Quentin Tarantino, gran admirador del género, nos regaló dos cintas “Django” y “Los odiosos ocho”, que, a pesar de llevar impreso el sello del cineasta, no dejaban de ser grandes westerns. Por mencionar, mencionaré “No es país para viejos”, “Una historia de violencia” o “El llanero solitario”. Los dos primeros son lo que se denomina western moderno, yo lo llamo mierda, y el último se denomina película, yo lo llamo mierda.

Si con semejantes atrocidades pretenden devolver el respeto al género que impulso a EEUU a la cima de este negocio, no solo hundirán al género, sino también a las productoras.


Grandes frases perdurarán en nuestras cabezas gracias al cine de vaqueros:
-          “Cuando la guerra acaba, los muertos se entierran y los políticos entran en acción”
-          “Debe ser una de esas mujeres que convierten a algunos niños en hombres, y a algunos hombres en niños”
-          "Nos quedamos porque nos enamoramos. Nos vamos porque nos desencantamos. Regresamos porque nos sentimos solos. Morimos porque es inevitable.”
-          “Verás... El mundo se divide en dos: Los que tienen revólver cargado y los que cavan. Tú cavas”
-          “Dormiré tranquilo, porque sé que mi peor enemigo vela por mí”
-          “Cuando matas a alguien no sólo le quitas todo lo que tiene, sino también lo que podría llegar a tener”
-          "Dime. ¿No se supone que el sheriff debe ser valiente, leal y, sobre todo, honesto? Pienso que necesitáis un nuevo sheriff".
-          "No confío en un hombre que no bebe"

Verdes prados, caballos relucientes, manos rápidas, autoridad, diligencias, sangre, sudor, disparos, tabernas, escupideras, coraje, sombreros marrones y negros (buenos y malos), la cárcel, el tendero, el pastor, el forajido, la Ley, desiertos, póker, ganado, indios, doncellas en apuros… Esos son los ingredientes que hacen que podamos disfrutar de una película del oeste.

Que sepa el lector, que no me he olvidado del Spaghetti Western, pero eso, ya es otra historia…
Fdo: Ponce de León

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